A E. M.,
la abeja reina de su propio mundo.
Tengo una relación amarga
como sabor de boca,
como oídos que (te) escuchan
y como labios que no dicen nada.
Sigo esperando a que caigas desde la azotea
y te estrelles contra el mundo,
que veas la inexistencia del amor
en todas tus parejas.
No por ellos, sino por ti.
Estás falta de cariño, te digo,
y tú me hablas de ese chico
que en un futuro dejarás (dejaréis) esta estación.
Y asiento, (te) sonrío y (te) doy ánimos
porque quiero que sea él,
porque estás afónica de contar(me)
sus peripecias.
Tengo la extraña sensación de no saber
si te tengo
o te tienen.
A veces suelo no saber nada.
Eres la abeja reina
y te lloro
porque no sabes que el veneno duele más
si eres tú quien lo porta.



